General, Micro-relato

Cuestión de tiempo.



Cada mañana se levantaba tan temprano como le era posible, por aquello de dar más oportunidades a las horas y de paso, al día. Vivía sola en su silencio, pero se sentía acompañada de esas otras voces envueltas en palabras de regalo, que sus redes le entregaban a diario: Buenos días, qué tal estás, cómo te va, qué haces, cuáles son tus planes, felicidades, enhorabuena…


Como una vela novel y blanca comenzaba a iluminarse y a iluminar por reflejo. Por reflejo y por coquetería, que todo hay que decirlo. Se entremezclaba con ellos, con los suyos, que aunque no lo eran del todo, así gustaba ella de mirarlos. Mensajes, noticias, recuerdos, consejos, caricias, abrazos, piropos, besos… Tantos detalles que mantenían la vela erguida, a pesar de los goterones de miedos, dolores y dudas que la rodeaban, constantes y empecinados.


Llegaba la tarde abriendo apetitos, y ella se servía su aperitivo preferido, regado con el mejor de los caldos: alegres párrafos para saborear, con un entrelineado contenido en la recámara para no hacer daño, pues la cera ya ardía a media asta, y aunque el ánimo no flaqueaba, sí lo hacían la conciencia y la sabiduría de un otoño. El suyo.


A través de la oscuridad repetida llegaban los juegos del gato y el ratón, de la lectura y la investigación médica -porque ignorar no la hacía más feliz-, y la vela se amarilleaba en la espera, sola un día más. Gotas vividas y disfrutadas, corrían a través de su cuerpo traslúcido casi, avisándola de la proximidad del final, y así, deseando unas últimas sílabas que la invitaran al mejor de los sueños, se iba apagando, despidiéndose de los suyos, que no lo eran del todo, pero así gustaba ella de sentirlos…


Ya en el dormitorio, hecha humo e imaginación, exhalaba un último suspiro de luz cargado de impaciencia, arropada con la esperanza de que al siguiente día, cuando volviera a encenderse con la primera claridad, todo resultara tan perfecto como lo era antes. Y aún mejor: sabía que si de nuevo no lo conseguía, sólo podía tratarse de una cuestión de tiempo. Cada mañana se levantaría -un día y otro- tan temprano como le fuera posible, como una vela novel y blanca…





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4 comentarios

  1. Teresa

    Mis más sinceras felicitaciones. Luego te escribo más sobre mi opinión, pero te adelanto que este relato es de los mejores.

  2. Manuel

    Subscribo la opinión de Teresa … el relato es muy bueno y la aproximación a la muerte, de una rara belleza, nada fácil de transmitir.

  3. Teresa

    Sigo con mi opinión. Lo prometido es deuda.

    Primeramente el estilismo del relato es fantástico. Tiende a una narrativa bequeriana, es cierto. Romántica. Sútil, elegante, con cierto tono antiguo y señorial. En cuanto a la historia me encanta pues haces una bella metáfora con el uso de la vela que puede tener varios significados, y ahí, en mi opinión, reside la belleza del relato.
    En primer lugar pensé que la historia iba en torno a la vida de una persona que vive sola y que se levanta cada día con la ilusión de encontrar el amor y la felicidad, y como con el paso de las horas se va desengañando de esa “ideal idea” de ser feliz o de encontrar el amor.
    Después pensé que quizás iba más enfocado con lo que dice Manuel, y es sobre la idea de venir al mundo felicies y que como niños y (nuevos) iríamos adentrandonos en el camino de la vida y poco a poco desilusionándonos, aunque siempre y tramos brillaría la esperanza y eso haría que nos encendiéramos y que nos sintiéramos niños y “nuevos” de vez en cuando.
    También pensé en la versión de una mujer sola que se conecta a internet y a través de su ciber-vida va resucitando y encendiéndose y también apagándose.
    Y finalmente pensé que la historia era un alegato a la esperanza y a la desesperanza y como ambas están cogidas de la mano y van una detrás de otra.
    En fin, que la vela ha dado para mucho y que me parece muy ingenioso escribir un cuento metafórico que pueda interpretarse desde diferentes puntos de vista.

    Mi más sincera enhorabuena.
    Con cariño,
    Teresa.

  4. Gracias a ambos, porque habéis leído palabras que no están escritas. Incluso que no están pensadas… Es cierto que me gusta jugar a los dobles, triples y cuádruples sentidos si es menester, porque así la idea abarca más aspectos del individuo y aumenta el número de personas identificadas. Según sea el momento actual de cada uno, así el lector podrá interpretarlo.

    Originariamente la metáfora está basada en mí, y en el ahora -un tanto dudoso- que estoy viviendo. Son cuestiones de salud, y en principio nada graves, pero que se alargan en el tiempo y debilitan la mayor de las voluntades.

    Seguiremos escribiendo: la mente y las manos continúan en buenas condiciones… 😉

    Besos.

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