Crítica, Opinión, Reflexiones

A la que no trabaja.

A la desempleada: a la mujer que no acude a diario a una empresa, oficina o tienda. A la que no se gana la vida. A la parada por voluntad propia o ajena. A la presunta ociosa. A la despeinada por gusto. A la manchada por ganas. A la engordada por capricho. A la que se niega al sexo por tozudez. A la que no sabe responder a la pregunta de si trabaja. A la que se pasa el día -oficialmente- tocándose la papaya. A la que no duerme porque los llantos le confunden. A la que le duele la cabeza además del alma. A la que necesita más manos y menos bocas…

A esa mujer que no trabaja y todos conocemos aunque nos empeñemos en ignorarla, le dedico mi reconocimiento este Día Internacional de la Mujer. ¿Trabajadora? No, señor, que trabajadora ya es, lo que no está es remunerada. Lo que no hace es salir de casa salvo para llevar a los niños al colegio, cargar el carro de la compra, realizar gestiones y recados, cuidar de sus mayores, acudir al médico para todos… Lo que no gasta son tacones. Lo que no frecuenta es la peluquería. Lo que no se pone son vestidos. Lo que no hay tiempo para quitarse son pelos. Lo que no soporta son críticas y desvalorizaciones sobre su vida, su aspecto, sus kilos, su talla, sus ambiciones, su salud, sus complejos, sus creencias, sus prioridades, sus valores…

Porque cuando esa mujer que no trabaja deje de hacer eso que le ocupa todos y cada uno de sus días, ese hombre que la desprecia -privada y públicamente- tendrá que emplear a una niñera, una recadera, una enfermera, una psicóloga, una secretaria, una administradora, una limpiadora, una nodriza, una planchadora, una cocinera y -si quiere sexo y aún le queda sueldo- una meretriz. ¿Estamos? Pues eso: sigamos trabajando. Todos.

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2 comentarios

  1. Manuel

    En este retrato hay dos cosas que no quiero ver, o no quiero que se revele por desagradable. La mujer que es todo eso por descuido y despreocupación, y el hombre que desprecia esa sorda e ingrata, pero tan imprescindible, al fin y al cabo labor que tantas realizan sustituyendo a todas esas especialistas que enumeras, y que además considera que no son asunto suyo. Porque en el fondo estamos ante el tema de la dignidad que a todos se le tiene que reconocer, pero más a la mujer que ha estado siempre en posición subordinada y que a pesar de los cambios evidentes que nuestra sociedad ha experimentado, no deja de estar en una situación de debilidad ante tantas situaciones.

    1. El retrato de esa mujer es pura ironía y espero que así se entienda. El de ese hombre es pura realidad y confío en que así se repruebe.

      Por fortuna también hay hombres que merecen todo lo que una mujer es capaz de darles. Ojalá cada vez sean más.

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