General, Reflexiones

¿Dónde están mis niños?

¿Y quiénes son esas personas que ocupan su espacio? ¿Adónde fueron sus besos, sus abrazos y sus bromas? ¿Adónde sus incontables dibujos y escritos dedicados? ¿A qué este luto indebido e inaceptable, pero persistente como la nostalgia…?

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Porque eras madre, y anoche -es un decir- los acostaste con tanto esfuerzo como de costumbre, les leíste por enésima vez su cuento favorito, les acercaste otro vaso de agua, les obligaste a lavarse los dientes y prometiste llevarlos donde quiera que fuese que provocara su conformidad y su sueño… Agotada, te debatiste entre el placer de verlos dormidos como los más preciosos muñecos, y el tentador deseo de que se hicieran mayores e independientes ellos, y libre y descansada -al fin- tú. Pero nadie te contó el precio a pagar…

Y es que ahora sigues siendo madre, pero esta mañana -es un decir- ellos ya no son tus niños. Son adolescentes, primero, y jóvenes adultos, después. Nunca más aquellos preciosos muñecos. Nunca más tuyos como antes. Nunca más. De pronto no te quieren, no te aceptan y no les gustas siquiera. Les avergüenzas y te rechazan en la calle ante los que sí parecen ser los suyos. Te evitan el beso, la caricia y el consejo. Lo saben todo y mil veces mejor. Su teléfono móvil es prioritario, así como sus contados amigos. Y tú intentas recordar sus caritas de anoche, entre el acné, el rapado, el piercing, y el maquillaje… para finalmente claudicar ante lo inevitable.

Ya es ese mañana que apenas adivinabas ayer; ya no hay gritos, risas, ruidos, carreras, juguetes, manchas… ni niños. Y cuando esas nuevas personas -apenas reconocibles- salen por la puerta mascullando un adiós, agachas la cabeza para preguntar a quien corresponda: ¿dónde están mis niños? Y es entonces, con su amargo silencio, cuando la Ley de Vida te responde.

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2 comentarios

  1. Juanjo Rey

    No sabemos dónde están nuestros “niños”, y lo malo es que ni ellos mismos lo saben. La esperanza está en que ellos se encuentren lo antes posible. Etapas. Vida.

  2. Crecieron. Antes por fuera que por dentro. Ojalá las nuestras consigan pronto el equilibrio. Seguro que sí. 🙂

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