Libros, Literatura, Reseña, Viajes

“El coronel no tiene quien le escriba”, de Gabriel García Márquez.

El coronel no tiene quien le escriba, pero tiene quien le lea”, se podría retitular dado el éxito de público de esta novela corta, adaptada al cine por Arturo Ripstein. De hecho, ya tiene una lectora más, pues fue mi libro de compañía durante las pasadas vacaciones. Empecé a leerlo en la piscina y lo terminé en la habitación del hotel: dos horas de inmersión continua en total… ¿Si me gustó? ¡Ay, amigo! ¡Ese es otro cantar!

Primero, un resumen: “El coronel no tiene quien le escriba fue escrita por Gabriel García Márquez durante su estancia en París, adonde había llegado como corresponsal de prensa y con la secreta intención de estudiar cine, a mediados de los años cincuenta. El cierre del periódico para el que trabajaba le sumió en la pobreza, mientras redactaba en tres versiones distintas esta excepcional novela, que fue rechazada por varios editores antes de su publicación. Tras el barroquismo faulkneriano de La hojarasca, esta segunda novela supone un paso hacia la ascesis, hacia la economía expresiva, y el estilo del escritor se hace más puro y transparente. Se trata también de una historia de injusticia y violencia: un viejo coronel retirado va al puerto todos los viernes a esperar la llegada de la carta oficial que responda a la justa reclamación de sus derechos por los servicios prestados a la patria. Pero la patria permanece muda….”

Segundo, mi opinión: reconociendo el dominio de la escritura del Nobel, me ha costado entender algunas de sus frases o expresiones, demasiado locales para mí, pero le agradezco la sencillez con la que -aun así- ha realizado este trabajo, rechazado en distintas ocasiones por varias editoriales (ni un Premio como García Márquez se libra…). El autor recuerda que tuvo que publicar “Cien años de soledad” para que quisieran leer la que dice es su mejor obra. Dicho esto y valorando en positivo que quise llegar al final cuanto antes (síntoma de enganche profundo), me resultó una novela triste en exceso, sin concesiones ni margen; dura, real, dramática y letal, con algunas líneas dignas de galardón. La sensación que deja, una vez cerrado el libro, es de desasosiego, y si el ánimo no está para fiestas, mejor posponer su lectura para otra ocasión. Así las cosas, no puedo decir que me gustó… pero sí que me alegro de haberlo leído. Es una pequeña gran obra literaria.

P.S.: La imagen, pareciéndolo, no es una pose. Como digo, estaba leyendo y mi fotógrafo siempre está ojo avizor… algo que le agradezco en el alma.

¿Quieres compartir?Share on Facebook
Facebook
Tweet about this on Twitter
Twitter
Share on LinkedIn
Linkedin
Email this to someone
email

Dejar un comentario

Los campos obligatorios están marcados*