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El libro regalado.

Te voy a pedir un favor, y es que imagines por un instante: tú empleas año y medio/dos años de tu vida (hay quien ha requerido hasta siete) en escribir un libro. Luego, algún tiempo más en corregirlo, darle y darte (siempre con reticencias) el visto bueno y, tras esto, pasar a registrarlo (acto que cuesta dinero). Una vez hecho lo principal (o eso crees tú), bien autoeditas tu manuscrito (acto que cuesta más dinero), o bien intentas publicarlo a través de una editorial. En este último caso puede que sucedan dos cosas (y más, pero pretendo resumir): que publiques asumiendo costes (mediante servicios editoriales), o que publiques de forma gratuita (edición convencional). Si optas por lo primero, nuevamente estás gastando pasta, pero es tu decisión. Si puedes -todo escritor quiere- publicar de forma tradicional, esto es, consiguiendo que una editorial apueste por ti y asuma la carga económica correspondiente, también existen dos variables: que esta sea modesta y de pocos recursos (la apuesta entonces será mínima y condicional), o que te encuentres entre los elegidos, y una entidad como Planeta, Suma, Algaida, Obelisco, Anagrama, Grijalbo, Penguin, etc., crea en tu obra (a pesar de tu ignoto rostro) y apueste como ellos saben hacerlo, en cuyo caso ya puedes darte con un canto en los dientes, y el hecho de regalar libros sería incluso obligado por tu parte.

Pero lo suyo (sigue imaginando un poco más) es que en el mejor y más realista de los casos, una editorial independiente (de bajo alcance y distribución) valore y apoye tu manuscrito, y te publique de forma gratuita, pero con cortapisas. Estas pueden ir desde la inasistencia al acto de presentación, hasta limitar la distribución de tu novela a dos o tres librerías en total, y dejar la venta de tu libro en manos de la generosidad de los tuyos y afectos. También en el mejor de los casos te ofrecerá -sin coste- un ejemplar para ti, y alguno más que emplearás en promocionar la obra. Todo esto depende de cada editorial, pero yo resumo o te gasto la imaginación.

Ahora imagina (ya queda poco) que una vez asumes todo esto, que aceptas que no vas a ganar prácticamente nada por dos años de trabajo, y alguno más de promoción personal hasta hacerte aborrecer por cualquiera, alguien se molesta contigo porque no le regalas un ejemplar… Y ese alguien puede ser una persona, dos, tres, cuatro, cinco, diez… porque todas tendrían -en principio- el mismo derecho, ya que pertenecen a tu entorno más cercano. ¿Quiénes iban a ser, si no, los interesados en tu novela, si apenas se conoce…? También es cierto que tu círculo privado puede desdeñar tu proyecto hasta el punto de ignorarlo a conciencia, lo cual te hunde -sin metáforas- en la más absoluta de las miserias psicológicas y económicas. ¡Ah! Y no olvides que esa modesta editorial que arriesgó su dinero, está observando la reacción del público desde el mismo día de la presentación, tras lo cual -si esta no es positiva- es muy posible que no quiera volver a invertir en ti…

Una vez sentados estos precedentes, imagina (por último) que -aun así- regalas tu libro (te puede estar costando el dinero, incluso siendo el autor). Que regalas esa criatura tuya cuyo embarazo y parto han sido largos y dolorosos, del que te sientes orgulloso, y al que muestras como cualquier otra abnegada madre. E imagina que guardan el obsequio y fin. Sí, fin. Ni un “gracias”, ni un comentario positivo (alguno ha habido negativo o socarrón, incluso), ni una foto con él (que tanto te sirve), ni un apoyo en redes sociales (cosa que es gratis), ni una recomendación, ni una reseña, ni un puto gesto a tu favor. Como bien dice el refrán: “lo olvidado, ni agradecido ni pagado”.

Ahora deja de imaginar, y tenlo en cuenta para la próxima ocasión en que un escritor te quiera regalar su libro. Y, si eres un desagradecido, no lo aceptes, por favor.

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2 comentarios

  1. Manuel

    Yo soy enormemente respetuoso con el proceso que una persona que se lanza a escribir tiene que afrontar. Los desvelos que le produce, el tiempo que invierte y el talento y la voluntad que derrama para conseguir una historia.
    Por eso no se me ocurre en esa circunstancia pensar que me tenga que regalar. Soy yo siempre quien está en deuda. Y eso te incluye a ti, Marga.

    1. Me consta, Manuel, que lo eres. Creo que es una cuestión de sensibilidad y de respeto hacia el autor. A mí no se me ocurriría pedirle a nadie que me regalara su trabajo, sea cual fuere, (mucho menos molestarme si no lo hace) pero en el caso de que alguien lo hiciera, lo valoraría como se merece, y creo que, de hecho, ya lo hago.

      Siempre he dicho que es una catetada. Un desconocimiento de todo lo que esto implica. La falta de interés por saber conlleva ignorancia, y de esta a la indiferencia y al desagradecimiento, va un paso. La envidia, en algún caso, también colabora en no saber decir “gracias”…

      Yo sí que estoy en deuda contigo, y con todos los que me leen. Mil gracias, Manuel. 😉

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