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El morbo del pollo.

Veníamos hablando en casa de lo necesario que parece, hoy, montar un buen pollo, un escándalo virtual, o ser polémico sin más para lograr tener “rostro”, “nombre” y “apellido” en tu profesión, cuando empezó en la tele la emisión de “Chef”, de Jon Favreau (director, guionista y actor principal…). Dicen que las casualidades no existen, así que tomamos lo que veíamos como una confirmación a nuestras quejicas divagaciones: hay que montar un buen pollo para “ser alguien”. Para ser “admirado” y tenido en cuenta.

En la película, Carl Casper, un chef que pierde su trabajo por no someterse a la dictadura de su jefe, se la lía en público al mayor crítico gastronómico del estado, autor de una reseña negativa sobre su cocina, quedando todo inmortalizado en las redes sociales que, así, lo “viralizan” y convierten en “famoso”. Colas y más colas de gente esperando probar su menú, ahora más modesto y a bordo de un camión, se reproducen en su itinerario por los Estados Unidos. Incluso un policía que en principio quiere multarle por estacionamiento prohibido, cuando lo reconoce prefiere hacerse fotos con él… No sigo para no desvelar el final, pero la moraleja afianza mi triste teoría.

No digo con esto que todas las personas que consiguen el éxito profesional hayan llegado a través de vías cuanto menos discutibles, porque sé que no es así y porque eso sería una demostración de envidia cochina que no me permito. Es más, viendo cómo está el panorama -aún más el creativo-, admiro profundamente a todo escritor, escultor, pintor, gastrónomo, cocinero, periodista, actor, emprendedor y demás, capaces de ganarse la vida con su trabajo, al margen de pollos y pollas. Con perdón.

Pero tampoco se me negará la evidencia que aquí denuncio: ¿cuántos “autores” de libros provienen de programas basura de TV? ¿Cuántos del fútbol? ¿Cuántos de haberse liado/haberla liado con premeditación y alevosía? ¿Cuántos “famosos” merecerían, en realidad, el más absoluto anonimato, si no el destierro…? ¿Cuánto listo figura en las portadas de las mejores revistas y en sus blogs, por el simple hecho de haber nacido pro-pollo o hijo de pollo? ¿Cuánto -resumiendo- por tenerla más dura (la cara) que Nacho (la mandanga)? Demasiados.

El problema, en realidad, no está en el fresco que intenta subirse al carro de los ricos y populares. Está en quienes le abren la puerta del carro y lo acomodan… En quienes “viralizan” la grosería, la desvergüenza y la bulla. En los que buscan la foto con el provocador, y desdeñan la que podrían hacerse con el discreto. El problema está en la mayoría tonta. En la mayoría morbosa.

Seamos más inteligentes y no echemos guindas al pollo, a la polla, al pavo y a la pava. Demos voz a ese del fondo que le cuesta hablar. Al que respeta las normas. Al que trabaja en silencio. Seguro que tiene mucho más que ofrecer y mejor que decir que ningún animal.

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4 comentarios

  1. Auxi

    El pollo da para lo que da. Para un ratito de gloria. El trabajo y la valía son los que mantienen a un autor, actor, persona…reconocidos y apreciados y le dan una trayectoria profesional y personal.

    1. Esperemos que sea así, aunque yo cada vez tengo más dudas. 🙂

  2. Manuel

    Montar un pollo siempre dio réditos y ofreció fama más o menos coyuntural al protagonista. No es nuevo. Lo que sí es nuevo es que se ha crado una necesidad morbosa de llenar como sea contenidos en los medios y en las redes sociales de extravagancias cuanto más bizarras mejor. Entonces el morbo y la fascinación de la masa alimentan muchos de esos fenómenos. Porque con independencia de que el analfabetismo como tal haya desapareacido, permenece la tendencia a rehuir la reflexión en el común de la gente y regodearse en lo cotilla y lo morboso. Y cuando se alimentan adrede, como sucede ahora, nos encontramos con que televisiones que emiten programas basura, convierten en basura a los espectadores, que a su vez abrazan valores basura y eligen gobernantes basura… EEUU que siempre va por delante en estas cosas nos lo ha demostrado..

    1. Sigue existiendo mucho analfabetismo, Manuel. Una buena parte de la población no sabe escribir sin faltas de ortografía; no sabe expresarse correctamente (dando lugar a múltiples malentendidos) y eso también se ha hecho evidente con la irrupción de las redes sociales. Teniendo esto en cuenta ¿qué podemos esperar? Hay una forma absoluta de corregirse, sin excusarse en infancias pobres y faltas de oportunidades, y es leyendo, pero esa misma gente prefiere emplear su tiempo en buscar y mirar vídeos de perritos, gatitos, caídas, peleas, tortas, cafeteras, y demás pollos tan abundantes ahora mismo. Lo de EE. UU. es para darles de comer aparte.

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