General, Microrrelato

Entreabierta

Aquel chico llevaba demasiado tiempo (según sus cuentas del deseo) intentando entrar sin conseguirlo… Se le oponían insistentes la cordura, el tiempo, la suerte, la conciencia y la moralidad de la joven, que unidos formaban una barrera infranqueable para su única voluntad: penetrar.

Había llamado a su puerta en incontables ocasiones, tantas como argumentos había esgrimido la Deseada para no permitirle el acceso: me encuentro enferma, voy a salir, no hay nadie en casa, estoy ocupada, vuelva usted mañana, soy casada…

A pesar de lo fallido de sus intentos, el instinto del hombre continuaba golpeando -con la perseverancia del loco- el portal de la que consideraba su mujer. Ni lo había sido, ni lo era, ni lo sería jamás -según ella le había hecho saber-, pero eso para él carecía de la más mínima importancia. La quería mucho… o simplemente la deseaba con desesperación, que a la hora de la fiebre los términos se superponían.

Pero, como decía, aquel chico llevaba demasiado tiempo anhelando entrar; tenía ya los nudillos pelados, el impulso desconcertado y el corazón hecho herida, y un buen día en el que alguien -otra mujer tal vez- pudo invitarle a un café bien cargado de esperanzas, dejó de intentarlo y se volvió Silencio. Sus oponentes habían ganado la batalla, y ella se había hecho con la razón: el deseo nunca es suficiente, por fuerte que grite dentro y fuera del pecho.

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Esto lo debió imaginar la joven durante las cinco noches siguientes en que no logró dormir pensando en él de manera obsesiva, y en por qué demonios tuvo que coincidir aquel buen día, con el que -por fin- se atrevió a dejar la puerta entreabierta…

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4 comentarios

  1. Manuel

    La reflexión que se me ocurre es lo caprichoso que es Cupido tirando sus flechas que apuntan muchas veces fuera del campo y crean ilusiones vanas … que la simple obsesión no puede materializar….

  2. Diego Manuel

    Bravo Marga.
    Me encanta como escribes y como abres el alma porque has conseguido que me sintiera por un momento dueño y esclavo de una llave.
    Un saludo.

  3. Sí, Manuel: Cupido es que no debe ver bien de lejos…

    Gracias, Diego: Bien tallado el comentario. 🙂

  4. Teresa

    Otro relato maravilloso.

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