Libros, Literatura, Opinión, Reseña

“Hoy todo será distinto”, de Maria Semple.

“Hoy todo será distinto” (Alianza de Novelas) es un título que llamó mi atención entre tanta oferta literaria apetecible. Cuando voy a elegir un libro tengo ciertos requisitos mínimos: que el escritor no sea un personaje mediático, que la obra no pertenezca -a ser posible- a una gran editorial (de esas que no aceptan manuscritos nunca jamás), que quienes publiquen la obra no hayan sido (demasiado) groseros conmigo como autora, que los ejemplares no se encuentren dispuestos en expositor o mesa apartes, y que no estén, tampoco, entre las últimas novedades voceadas por la librería en cuestión… Aun así, a veces meto la pata y adquiero novelas que me dejan con grandes interrogantes: ¿cómo es posible que esto haya sido leído, publicado (gratis), comentado y elogiado…? ¿Qué me perdí?

Aquí está la sinopsis de esta “divertidísima” entrega, según The New York Times y -por supuesto- Alianza de Novelas: “Eleanor sabe que es un desastre. Hoy, sin embargo, le echará valor y se enfrentará a los pequeños asuntos cotidianos. Se duchará y se vestirá. Llevará al colegio a su hijo Timby y luego irá a sus clases de yoga y poesía. No dirá tacos. Tomará la iniciativa y recuperará el sexo con su marido, Joe. Sin embargo, antes de que pueda poner en marcha su modesto plan, ocurrirá algo: la vida. Resulta que ese día Timby decide hacerse el enfermo para poder estar con su madre. Y Joe decide contar a sus compañeros de trabajo -aunque no a su mujer- que está de vacaciones. Justo cuando parece que las cosas no pueden ir a peor, el reencuentro con un antiguo colega profesional amenaza con revelar un secreto familiar enterrado hace mucho. Hoy todo será distinto es una historia divertidísima y emotiva sobre la reinvención, sobre la complicidad familiar, y sobre cómo en ocasiones hay que plantar cara al antiguo yo para poder empezar a vivir de verdad”. 

Yo no he sonreído en ninguna ocasión, y quienes me soportan saben que eso, leyendo comedia, es casi imposible. Con Eduardo Mendoza he reído a carcajadas, no digo más. Pero Maria Semple me ha dejado impávida con su extraña narración, en la que entremezcla temas variados y personajes anodinos sin venir a cuento, que me han hecho abandonar el libro en multitud de ocasiones. Al final, como su Eleanor, le he echado valor para terminar la “comedia”, y así poder escribir su reseña y olvidarme para siempre jamás… Es increíble que las editoriales -tan exigentes todas- publiquen lo que a veces publican. Sé que ahora mismo tengo la pala en la mano y me estoy cubriendo de gloria infinita, pero es que ya -a mis casi 52- me da lo mismo, que lo mismo me da. Si te gastas el dinero en una promesa de diversión, lo menos que puedes esperar mientras lees es hacerlo con una sonrisa, no entre el aburrimiento y la decepción. Es, además, una novela muy territorial, muy a la medida estadounidense, y a mí se me escapan (se me han debido escapar) los chistes y dobles sentidos utilizados. Si no, no me explico.

De todos modos, y según las ínclitas opiniones de su contraportada (The Boston Globe, Gillan Flynn, The Whashington Post, The Guardian, etc.), la novela de Semple merece los calificativos de “endiabladamente divertida”, “una obra maestra”, “irrepetible”, “inteligente”, “valiente”, “graciosa de un modo profundo”… así que vosotros mismos, mis pacientes lectores. Igual soy yo la equivocada, hoy nada es distinto, y continúo con la imposibilidad de admirar trajes invisibles. Con “Rayuela” -tan magna- ya me pasó…

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