General, Margo, Personal, Relato, Semibiográfico

Margo. Adolescencia.



Le tenía la hora medida como si fuese su segunda piel. Margo asomaba la mirada y una nariz llena de pecas, entre las cortinas verdes de un balcón abocado a una imagen. Sabía que por allí abajo, entre árboles y arbustos, pasaría una vez más quien la hubiera de despojar de sueño y descanso durante la adolescencia: su nombre -el nombre- también empezaba por “A”, como empezaba el Amor…

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Bachillerato Unificado Polivalente de letras puras, que se decía;  falda gris y suéter azul. Camisa blanca y calcetines. Pelo recogido y cara lavada. Inocencia, ilusión, insignificancia, imbecilidad… La “I” del infortunio de aquel primer amor, no correspondido en su totalidad, perseguía a una Margo ausente de orgullo y autoestima. Se dejaba arañar el corazón una y otra vez, en la idea de que él algún día la vería como era debido. Como -de hecho-  ya le iba debiendo.

Pero bailaron juntos… Ella recuerda aquella noche de calor y estrellas como si aún flotara en la canción de Santana. Quince años tenía su amor, y trece eran los suyos: ni siquiera juntando ambas sumas la pareja sobreviviría a tan corta eternidad… 

Otros nombres y otras iniciales tontearían sin más con la adolescencia, así como un nuevo y meritorio trabajo, pero lo que Margo no podía imaginar -y ya era difícil- era el vuelco que su vida daría muy poco tiempo después. Un último ruego a Dios, y la muerte de visita.


(Continuará…)

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1 comentario

  1. Manuel

    Como bien dices: hay parte de tí misma y parte de ella misma, pero me temo que todos más o menos nos vemos reflejados en esas viviencias del inicio de la adolescencia…Yo, desde luego, sí..

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