General, Margo, Personal, Relato, Semibiográfico

Margo. La niñez.


Uno de los cumpleaños que Margo recordaría con mayor precisión de su niñez, sería el octavo: fue obsequiada -además de con una tarta clásica como las que ahora no se estilan- con una veraniega blusa de “mayor”, anudada al cuello y con la espalda descubierta. Estaba radiante porque ya no era una cría, sino una auténtica aspirante a mujer, que miraba al mundo de reojo con igual curiosidad que picardía. Las ocho velitas, esas que acumulaban ceras y colores, le recordaban desafiantes su pequeñez, pero ella las soplaría haciéndolas callar…

Cuatro escaleras, ningún ascensor, una mesa de camilla, un incendio, ninguna terraza, un par de literas, ninguna bañera, media cocina, un cuadro del terror, recuerdos con olor a naftalina, que la nostalgia se encargaba de mostrarle cada vez que se hundía, engañándola con la mejoría de cualquier tiempo pasado. Margo solo recurriría a los cromos del ayer para añorar a su abuela y a los Reyes Magos, que en aquel barrio empezaron a morir, agotados del peso de los regalos y los escalones… Y de repente otra escena: nueve años y nueva casa. Nuevas amistades. Nuevos vecinos y el vecino en particular. Aquel que luego -quizá- la hiciera soñar hasta la extenuación.

Y que unos años más tarde -quizá también- la motivara a escribir su primera novela.

(Continuará…)


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2 comentarios

  1. Manuel

    La infancia nos deja un poso que no siempre se suele reconocer a la hora de explicar como somos a lo largo de nuestra vida. La manera que tenemos de ver el mundo y de asimilar las cosas nuevas que descubrimos, las decepciones que se nos presentan, igualmente……
    Y nunca pierdo de vista mis recuerdos de niño.

  2. Yo creo que somos lo que fuimos, con todas nuestras circunstancias posteriores añadidas. Margo es un personaje semibiográfico al 50%, y tiene mucho de mí, y mucho de sí mismo. Una forma cómoda -y espero que amena- de soltar lastre y escribir al tiempo.

    Un abrazo, niño.

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