Libros, Reseña

“El sótano”, de Natasha Preston.

Que algo enganche no significa, necesariamente, que sea bueno. Sucede con el alcohol, la droga, el móvil, internet, el tabaco, el amor… Algo así me ha ocurrido con “El sótano” de la joven escritora Natasha Preston, cuya novela no he podido soltar hasta que el sueño me ha vencido (la primera noche), y hasta que he concluido sus casi 400 páginas (la segunda). ¿Que por qué digo que no es buena esta adicción? Porque es -desde mi punto de vista- inmerecida. El libro de la autora inglesa no es digno de tantísima atención.

He echado un vistazo rápido a otras reseñas y en ninguna he encontrado lo que ahora escribiré en la mía: cuatro errores argumentales de peso que hacen que una historia interesante, aunque ya contada de alguna forma, se convierta en una pesadilla similar a la que viven las protagonistas del libro. La edición corre a cuenta de Crossbooks, sello de Planeta, que supo del éxito virtual sito en la plataforma Wattpad (gracias al boca-oreja de los lectores), y no dudó en echarle una mano de papel a Natasha, a pesar de no ser un rostro popular hasta el momento. Y es que donde hay dinero, hay credibilidad; donde hay dinero hay confianza, hay entrega, hay respeto, hay línea editorial, hay innovación si se precisa, hay lo más grande… menos revisión de los textos, por lo visto. ¿Total, para qué, si así funciona bien…?

¡OJO: CONTIENE DESTRIPE (y nunca mejor dicho)! (Primer capítulo, aquí).

Nada más empezar se nos habla de Rose, una de las chicas de la novela, que afirma por su propia boca que ha pasado “casi tres años encerrada. La que más tiempo llevo aquí”. De hecho se nos presenta como la pionera, la jefa y la guía de las demás (página 22). Es la que orienta e instruye a Summer (la protagonista) a su llegada al sótano. Más adelante, sin embargo, Clover (el dueño de la casa) nos cuenta que está preparando la estancia para sus próximas inquilinas, decorándola adecuadamente, y que “recoger” a Violet (otra de las chicas encerradas) es cuestión de poco tiempo. Esta, Violet, será la primera habitante del sótano ¿? (página 103). Avanzando leemos que el 11 de marzo de 2005 esta pobre chica es “recogida” de las calles por Clover, y que -efectivamente- es la primera mujer seleccionada para su escondrijo, que aún se encuentra vacío (página 130). El 15 de julio del mismo año, el loco perverso añade a Poppy al lugar, y avisa a Violet de que tiene una sorpresa para ella, esto es, la nueva “recogida” de otras dos chicas: Rose (sí, la pionera…) y Lily (así llama a Summer, pero no sabemos si es ella u otra que mencionan en algún punto del libro). Al fin estarán las cuatro “flores” que él busca para su “perfecta familia”. El 17 de julio completa la femenina reunión y se manifiesta orgulloso (página 155). No obstante, el 9 de mayo de 2007 Natasha Preston nos vuelve a relatar, de nuevo por boca de Clover, que a su estancia subterránea le falta “una flor”, pues solo se encuentran en el lugar Violet, Poppy y Lily: “faltaba mi Rose y no podía relajarme” (el psicópata elige los nombres antes que a las chicas). Acto seguido se cuenta cómo la capta en la calle, la engaña y la trae a su casa para unirla al “clan familiar”, siendo -por tanto- la última en llegar ¡! (página 171).

¿Qué os parece? A esto hay que añadir errores en las fechas; una serie de sinsentidos absolutos, que ya formaría parte de lo que cada cual esté dispuesto a creer o a ver normal en la convivencia humana, y una abundancia de clichés que ríete tú de las películas de sobremesa de los domingos. Con todo, rescato y alabo el final (y no porque ya me fuera a la cama tranquila), que se aleja de lo manido para mostrar una realidad más convincente. Más aceptable para Summer, la sufrida chica de este sótano/camarote marxiano en el que nunca se sabe cuántas y cuáles mujeres conviven.

Me quito el sombrero y con él me tapo la boca, que desde que escapé de “El sótano” la llevo algo más desencajada de lo habitual…

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