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Yo, ya, ¿para qué?

Tú, ya, para todo y precisamente. Para todo porque tienes la edad necesaria. La edad suficiente. La edad ideal. Precisamente porque te queda menos que antes. Porque el tiempo es vida y oro. Porque convertir los días en excusas es desperdiciarte. Tú, ya, para todo lo que quieras. Piénsalo.

He conocido -y conozco- personas que viven la vejez desde su juventud, y otras que han cumplido unos joviales y muy coquetos 80/90 años de edad. Sí, sé que en buena parte esto nos viene dado por la implacable carga genética heredada, y contra eso poco se puede hacer, pero también me consta que a mínima inteligencia existente se consigue luchar contra la presunta apatía de serie, vencerla y reírse de ella. Poco consejo doy a quienes ya lo entendieron y convirtieron su “mayoría de edad” (reniego del término ancianidad) en una etapa plena de vida; estas líneas van dedicadas a aquellos que no consiguen vencer la desidia y se escudan en los años para estancarse. Para justificarse. Para no ser.

“Yo, ya, ¿para qué me voy a arreglar?”. “Yo, ya, ¿para qué me voy a comprar ropa?”. “Yo, ya, a mi edad, ¿para qué voy a salir? ¿para qué viajar?”. “Yo, ya, a estas alturas, ¿para qué intentarlo?”. “Yo, ya, ¿para qué vivir…?” Existen muchas personas con estas ideas fatalistas que no solo aplican a sus propias existencias, sino que amplían el concepto y te incluyen –porque tú también eres mayor y deberías comportarte como tal– a ti en ellas. Son las que nunca han tenido un sueño, o lo aparcaron muy pronto, y les mata que tú quieras cumplir el tuyo “con una edad”. Son las que no se han enamorado jamás (de verdad), y te ridiculizan si intentas rehacer tu vida a los 40 o 50 (o más); las que discuten que sigas amando y deseando a tu cónyuge después de dos décadas. Son las que no tienen voluntad para cuidar su cuerpo (ni su mente), y se ríen de las mujeres de mediana edad que hacen ejercicio y se maquillan, por respeto a sí mismas y a los suyos, y -por supuesto- de las que leen, escriben, bailan, acuden a eventos culturales y pretenden seguir aprendiendo y disfrutando hasta el fin. Son, en definitiva, las perdedoras que no soportan tu resistencia a incluirte en sus tristes filas. Las del corredor de la muerte.

Y dicho esto y teniendo en cuenta tu buena edad: ¿en qué grupo te apetece pasar el resto de tus días? ¿En el de “yo, ya, ¿para qué?”, o en el de “yo, ahora, para todo”? Si eres inteligente -seguro que sí- lo tendrás claro. Te dejo un maravilloso artículo de Rosa Montero para mejor ilustrar la entrada (¡no te lo pierdas!).

P.S.: Y como muestra un botón rosa: este miércoles primero de marzo, a las 19:30 en LA ISLA DE SILTOLÁ (c/San Bernardo, 24 de Sevilla), estaré dispuesta a firmar todos los ejemplares de “UN SONETO PARA LUANA” que hagan falta. Es posible (siendo realistas) que no estrene mi bolipluma, pero aun así estaré. Y encantada, además. Gracias anticipadas a quienes acudáis y/o compartáis la noticia. Gracias a Siltolá y a Serial Ediciones. Gracias siempre.

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6 comentarios

  1. Juan Antonio González

    Muy buena reflexión. El yo, ya ¿para qué? siempre fue esa muerte lenta de la esperanza, de las ilusiones, de los sueños.
    Hay un yo, ya ¿para qué? que cargado de realidad siempre nos llama a la puerta, aunque sea para tomar otro camino, que puede distanciarnos de los sueños, pero que nos enseña a vivir.
    Lo dicho, enhorabuena por la reflexión y mucha fortuna con la firma de ejemplares y que el bolipluma se quede sin tinta de tanto firmar 🙂

    1. Gracias, Juan Antonio. En la vida hay que ser positivos y valientes, pero también realistas para no autoengañarnos demasiado y llevarnos grandes decepciones (lo digo por experiencias propias recientes). De ahí mi comentario sobre el bolipluma: ojalá sea como tú dices y se quede calvito de tanto “meneo”… Un beso.

  2. Juanjo Rey

    Estas reflexiones son las que van enriqueciendo poco a poco las conciencias para hacernos mejores y avanzar.

    1. ¡Gracias! Reflexionar siempre es bueno para no creerse dueño de la verdad absoluta. Pero lo mío solo es una opinión, como tantas. Un beso.

  3. Manuel

    De ese tipo de gente es fácil verse rodeado…
    De hecho los tengo en más abundancia de la deseada.. cerca y no tan cerca..
    Pero uno resiste y no se deja llevar.
    Esa batalla no la quiero perder…

    1. Sigue resistiendo, Manuel. Haz como yo con la escritura. ¡Venzamos!

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