Crítica, Humor, Opinión, Redes sociales, Respeto

¡¡Antiguo!!

Dedicado a @bizcoch0, a los 900 «megusta» y a los 258 «retuit».

¡¡Antiguo!! Tú, sí tú, que incluso en 2019 aún te crees gracioso inventando chistes sobre suegras pesadas, sin darte cuenta -así de poco sabes sobre mujeres- que las que respondían a tan viejos clichés ya apenas existen, si acaso en tu arcaica imaginación, y en la de otros machotes tales cuyas mejores glorias asientan polvo en los expositores de las gasolineras…

Las suegras de ahora salen, viajan, bailan, se emparejan, viven de forma independiente, se cuidan, van a lo suyo y pasan de cocinar a diario, de tejer chalequitos para los nietos, de reunir a la familia en sus casas, y de dar la vara al yerno de turno. 

¡¡Antiguo!! Tú que tienes nombre de merienda, que te autodenominas «idiota», y que tiras de humor negro/rancio para alboroto de otros tantos anacrónicos sin empatía como tú. No sé si sabes -si saben todos esos que se carcajean por escrito- que ya hay dos víctimas mortales por listeriosis. Y que hay muchos más damnificados (algunos por nacer).

Mi marido me dice que me río mucho para no tener sentido del humor, y puede que tenga razón (cosas de la autoestima). Pero no es solo que me ría poco de mí misma (que algo sí, y ahí está Luana para atestiguarlo), sino que tampoco me gusta que se rían de los demás (eso lo prefiere la mayoría acomplejada y añeja). Reconozco que detesto las chirigotas, rancias y cansinas donde las haya; que no me divierten los desfasados típicos tópicos arevalianos (chistes sobre tontos, borrachos, feas, tartamudos, mariquitas, cojos, suegras, cabezones, etc.), que los monólogos cómicos me aburren, que el histrionismo y la exageración en los acentos para hacer reír me entristecen, que los niños-adultos comediantes (tipo Juan y Medio) me dan tela de grima, que los Morancos me resultan muy vulgares, y que no soporto el ceceo innecesario de Manu Sánchez… 

Yo soy de las que aplauden y se ríen con Sheldon Cooper, con «El guateque», con «Esta casa es una ruina», con El Gran Wyoming (a veces), con mi marido (que tiene unos puntazos…), con los amigos cuando salimos (que hasta lloramos de la risa), con los buenos chistes, con el humor absurdo de los Hermanos Marx o de Faemino y Cansado, con el blanco de Chiquito, con el inteligente de Woody Allen, con el realista de José Mota o Arús, con el torpe de Mister Bean o Bridget Jones… Incluso con el negro, sí, pero no cuando afecta a alguien directamente. No cuando sé que puede molestar.

Y nunca me hará gracia el tipo que aconseja invitar a la suegra -en plena alerta alimentaria- a una tapa de carne «mechá» (¡qué suerte tienen los dichosos suegros que siempre se libran!), el que se amanera para imitar a un gay, el que fuerza el acento para burlarse de un andaluz, el que canta los defectos físicos de una niña joven, o el que manotea o cojea para reírse del discapacitado, por mucho sentido del humor y libertad de expresión que algunos crean que conlleva. Estoy segura de que si el «chiste» fuera sobre su madre, hijo, cónyuge o tierra, tampoco ellos se reirían. Estoy segura. Prefiero pensar que lo suyo solo es una cuestión de antigüedad…

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1 comentario

  1. Manuela

    Ole tú! ¡Que me reido al leerte! Y cuanto nos reímos cuando salimos! Y es que hay que reirse con las personas no de ellas. Además, para tener gracia hay que ser gracioso, no basta con parecerlo y mucho menos con pretenderlo.Pero el mundo está así ¡qué le vamos a hacer! Un beso, amiga.Nos leemos… y nos reímos!

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