Fábula, General, Muerte, Personal, Reflexiones

Contra ira, templanza. Y cerebro.

Hoy traigo esta fábula para ilustrar un momento que todos podemos vivir y entender, y es el de guardar rencor u odio hacia los demás, cuando nos sentimos perjudicados por ellos. Por merecido que estos lo tengan, el daño que la ira nos inflige a nosotros mismos durante el proceso lo desaconseja. La tristeza ya es suficiente. 

No hablo de perdonar o besar otras mejillas, qué tontería, sino de templar, evitar, prescindir y olvidar en lo posible (no del todo, por precaución), para salvarnos nosotros. Que la malicia ajena no nos arrastre hasta su orilla. Seamos más inteligentes que eso.

“Una serpiente entró en un taller de carpintería, y al arrastrarse pasó por encima de una sierra y quedó ligeramente herida. Al sentir el dolor se enfadó y regresó con toda su furia, mordiendo la sierra y lastimándose de gravedad la boca. Aún sin entender lo que estaba sucediendo, decidió rodear la sierra con todo su cuerpo exprimiéndola fuerte para asfixiarla, pero terminó matándose ella misma. 

Moraleja: En ocasiones reaccionamos con ira para herir a aquellos que nos han perjudicado, sin darnos cuenta de que nos estamos lastimando a nosotros mismos. Nunca dejes que el odio se apodere de tu vida: te puede terminar enfermando o destruyendo. La indiferencia es la mejor arma contra la maldad, y la más eficaz para liberarse de las cargas”.

P.S.: Desconozco la autoría de esta fábula, pero si alguien la sabe, le agradecería que me la indicase en un comentario, para poder añadirla al texto. Al César lo que es del César, y a Samaniego, Iriarte, Esopo o cualquier otro fabulista, también.

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