Despedida, Futuro, Literatura, Opinión, Personal, Reflexiones, Respeto, Vida

Cuando eres honesta y lo dejas…

Advierto que «Cuando eres honesta y lo dejas…» es una entrada escrita con el corazón tocado por la reciente dimisión de alguien que amaba su profesión, en tanto en cuanto me ha recordado a mí, aquel extraño 27 de junio. Ese día se graduaba una de mis hijas en la Universidad, pero justo esa mañana recibí una llamada maldita que venía a destrozarme por dentro y casi por fuera. Y decidí que ya estaba bien de sufrir. Que no me compensaba, y que me rendía. Que no era lo bastante buena y que yo misma, sin necesidad de nadie más, lo podía entender. Stop. Fin. A tomar por culo la bicicleta…

Existen muchas diferencias -casi todas-, pero hay un nexo de unión entre lo que ha hecho Albert Rivera (un hombre que siempre me ha caído bien, y al que he votado en alguna ocasión), y lo que hice yo antes del verano: rendirte ante las evidencias, ante los malos resultados, y abandonar lo que creías sería tu futuro profesional. En mi caso es aún peor porque yo no dispongo de sus 39 años ni de sus opciones, y los fracasos, a mis alturas, se perdonan con mayor dificultad. Por poner un ejemplo claro: a mí ni me contestan -por educación- a una demanda de empleo, así me dirija a la persona en cuestión a los ojos.

Pero con todo, no se puede dejar de ver lo obvio, y una no se puede pasar la vida quejándose de no vender, de no ser apoyada, de no ser publicada, de no ser valorada, de no ser vista… y de que los que triunfen sean unos enchufados, unos hijos de papá-famoso, y unos vividores… No se puede si eres honesta y exigente contigo misma y los demás. En algo fallas tú, está claro, porque también lo consiguen personas anónimas, y sin medios o contactos. Yo hoy me he creído a Rivera, porque me creo a mí misma. Igual estoy siendo un tanto ingenua, ya me conocéis, pero «quiero creer» en los buenos, y ningún enemigo político o existencial del exlíder de Ciudadanos me va a convencer de lo contrario. Soy, también, admiradora de esa rara avis llamada Javiert Nart, y él igualmente lo dejó cuando debía. Como hace cualquier persona inteligente, observadora y objetiva (en lo posible), así le duela en el alma.

Siempre he pensado que es mejor irte antes de que te echen, y he traducido este pensamiento en varias despedidas precoces, a lo largo de mi vida profesional y personal. A veces por el bien común, y a veces en defensa propia, pero nunca he permanecido mucho tiempo donde no se me ha querido o respetado…  

Acaba de irse este buen señor, y ya he escuchado a algún presentador/tertuliano (¡se reproducen como hongos!) afirmando su vuelta. Así de asquerosito se puede ser. A mí, como exescritora, tampoco me han animado más que cuando dije que me iba. Ignorada en pleno trabajo, en plena presentación de libro, en plena firma, y en plena Feria, la gente a la que importas un bledo se te enfada cuando anuncias tu adiós. Así es la gente. Yo, no.

Yo respeto a quien tiene el valor y la honradez de decir «basta, hasta aquí llegué», por el motivo que sea, y aún más lo respetaré si ese adiós es firme y convencido, no como el de un torero o un petardo telecinquero… Ignoro cómo será, al fin, el de Albert Rivera -insisto en que me lo he creído-, pero el mío queda aquí reiterado, confirmado y rubricado: el 27 de junio de 2019 dejé la escritura -y todo lo que la adorna- para siempre. Esta página y lo que en ella vuelque no cuenta, como ya sabéis, pues es un simple blog personal, sin mayor propósito, lucro, o reconocimientos.

Y ahora solo tengo que buscar mi para qué. La zanahoria frente a la nariz, que nunca nos falte…

¿Quieres compartir?Share on Facebook
Facebook
Tweet about this on Twitter
Twitter
Share on LinkedIn
Linkedin
Email this to someone
email

2 comentarios

  1. Manuel

    He tardado en comentar esta entrada por varios motivos aparte de que tengo ahora dias bastante repletos.
    Quizás deba empezar por decir que no comparto en absoluto el aprecio por Albert Rivera, que en mi opinión, ha resultado ser un personaje bastante tóxico para la política española. Cierto que hay que aplaudir que se haya ido.. aunque sigo esperando que de una explicación razonable y creíble de sus piruetas ideológicas y tácticas en la política. Al fin y al cabo, el desastre se lo trabajó a conciencia y todos, comenzando por sus partidarios, deberían recibir de él una autocrítica por impulsar una trayectoria errática y suicida que (no creo que me equivoque) ha acabado con el partido, aunque eso haya que certificarlo dentro de cuatro años.. o cuando toquen las próximas generales.

    Dicho esto creo que no tienes motivo para comparar tu posición con la suya (simpatías personales o ideológicas al margen). Ser escritora es para mi ante todo, un impulso que consiste en exteriorizar a través de la escritura historias que quieres narrar que representan bien vivencias o bien, simplemente una forma de expresar tu visión del mundo, de la humanidad, de los sentimientos o de sensaciones más o menos personales. Dicho ésto.. no me creo lo de exescritora 🙂
    Naturalmente entiendo que traducir eso en hallar un minimo de reconocimiento y que en esa batalla recibas más sinsabores que satisfacciones te desanime, pero dudo mucho que vaya reprimir el impulso de ponerte a construir una narración en el momento en que una idea tome la forma suficiente como para desarrollarla. Entonces la escribirás. Que eso te proyecte o no al mundo (o mundillo) literario, es otra cosa, lo sé. Y es evidente que lo necesitarías para poder afirmate con causa, pero sigo diciendo que no hay motivo para que dudes de tí misma.
    Así que ánimo y adelante. No eres persona que se traicione a sí misma.

    1. Tienes toda la razón en ese aspecto de Rivera: a su discurso de dimisión le faltó la humildad de reconocer los errores (esos que tú mencionas y que todos veíamos), y le sobró algo de narcisismo, pero son políticos, gente rara en general, y hay que agradecer que se haya ido… y no haga más daño. Ya ha hecho bastante. Fíjate, aun así, le tengo simpatía. El corazón no conoce de razones… 😀

      Sobre mí, creo que ya lo he dicho todo, y escrito pues también. Aquí seguiré de vez en cuando, opinando, reseñando (otra cosa que he dejado en el camino y que retomaré) libros ajenos, y dejando alguna imagen, alguna vez, para que no os olvidéis de mí.

      No soy persona que se traicione a sí misma, cierto es, y por eso lo dejo. He perdido la ilusión y el norte. He perdido amistades, familia, y algunas veces la salud por la causa literaria, así que hasta aquí llegué. No te niego que a veces me siento tentada por alguna idea… pero se queda dentro, como tantas cosas.

      Nos seguimos leyendo, Manuel. Amigo.

Dejar un comentario

Los campos obligatorios están marcados*

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.