Crítica, Libros, Literatura, Reseña

“El país de las últimas cosas”, de Paul Auster.

El primer libro leído de este 2019 corresponde a un autor muy renombrado, al que ya le tenía ganas… Como resulta que no siempre coincide el gusto general clásico, con el gusto particular mío, me he iniciado con una obra pequeña, de apenas 200 páginas, titulada “El país de las últimas cosas” . Mi conclusión es que confío en que el señor Auster no refleje esa desesperanza y derrota absolutas, como notas distintivas, en todos sus trabajos… Advierto al visitante de margadecala.com que de encontrarse en alguna fase depresiva, por nimia que sea, se abstenga de acercarse a esta novela…

La sinopsis es la siguiente: “En El país de las últimas cosas todo tiende al caos, los edificios y las calles desaparecen, y no hay nacimientos. La existencia se reduce a la mera supervivencia de vidas miserables sin ni siquiera la esperanza de recuperar la esperanza. La propia muerte puede comprarse, y se ha convertido en un negocio ofrecer servicios de ejecución. El refugio, el lenguaje fantástico de los deseos, los recuerdos y las ilusiones, es también una trampa que acaba por enajenar y consumir a quien lo profesa. Anna Blume cuenta en una larga carta su paso por la ciudad, en busca de su hermano desaparecido, y su afán por sobrevivir, a pesar de todo, en este ambiente devastado del final de la civilización”. (Booket).

En cuanto a la forma, no cabe duda de que es perfecta: difícil en su ejecución y fácil en su lectura, como no cabría esperar menos de un autor tan premiado. La voz, en primera persona, es la de una mujer joven y valiente, capaz de adaptarse a lo peor. El fondo es lo que ya se me atraganta, pues no hay una concesión, un margen, un resquicio a ese lado bueno de las cosas que todo lector, salvando al masoquista, desea encontrar en sus citas con los libros. Al llegar al final, el poso nihilista que deja “El país de las últimas cosas” es tan profundo, tan amargo, que buscas con desesperación otra obra que te devuelva las ganas de vivir. No sé si me atreveré con otro libro de Paul Auster.

¿Y tú? ¿Te sumergirías en una lectura tan cruda que te replanteara el sentido de cuanto existe?

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