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Esa minoría altamente sensible. El mundo PAS.

Siempre lo fui, pero lo he descubierto a los 51 años: mi “rareza” es un rasgo de la personalidad -no un trastorno- y se llama PAS (Persona Altamente Sensible). Solo un 15/20 % de la población lo disfruta y sufre por igual, ya que depende de múltiples factores que esta peculiaridad sea fuente de placeres o de insatisfacciones. O de ambas sensaciones por igual. Cuestionarse, investigar, leer, confirmar, y contactar con otras personas de tu misma condición, ayuda bastante a conocerla y a conocerse.

El Test oficial de PAS España para saber qué grado de sensibilidad posees, es una herramienta orientativa, que “debería” ser avalada por un profesional cualificado (psicólogo o psiquiatra). Yo discrepo de esta sugerencia de la Asociación, puesto que ello apuntaría a la rechazada idea inicial de suponer una enfermedad o trastorno. Solo se trata de un rasgo de la personalidad, como tantos otros que conforman al individuo. Que de este, en particular, pueda surgir un problema (al ser desoído por uno mismo y los demás), no es algo descartable, pero una vez testado y afirmado, y puestos los pilares para un correcto desarrollo, será difícil que esto ocurra.

Antes de saberlo, he sufrido problemas de estrés somatizados en distintas partes de mi organismo, tales como la piel, los ojos, el estómago, el colon… con la absoluta displicencia del personal sanitario. He acudido, de forma privada, a consulta psicológica profesional, y me he tratado, con éxito, de un trastorno de ansiedad. Me han hecho creer, y me he creído “bicho raro”. Me han llamado “rayada”, “blandita”, “autista”, “asperger”, “rarita”, “corta”; me han ignorado y ninguneado a propósito. No es fácil ser PAS en un mundo No PAS. No es fácil ser Altamente Sensible en un entorno -a veces- Altamente Bruto. 

He leído “El don de la sensibilidad” de Elaine Aron, y las 30 primeras páginas de “Personas Altamente Sensibles” de Karina Zegers, y creo que me quedo con este último libro. El primero me ha costado mucho terminarlo, pues su narración, aun interesante, es árida y repetitiva. Demasiado técnica y científica para mi gusto. Karina, al menos en su principio, se muestra más anecdótica, más sencilla y más personal, lo que facilita la lectura. En cualquier caso, es de agradecer que existan libros que nos orienten y ayuden a los altamente sensibles, en este mundo lleno de personas que no lo son tanto, y que -además- están orgullosas de ello.

Es muy importante que los padres presten atención a los rasgos y peculiaridades de sus hijos, para así tratarlos debidamente en su momento, y que su futuro como adultos no se vea plagado de problemas no resueltos en la infancia, que en este caso concreto de la Alta Sensibilidad supondrían ansiedad, depresión, aislamiento, soledad, incomprensión, resentimiento, desafecto, introversión, somatización… Si un niño o un adolescente pide a sus padres ayuda psicológica, hay que dársela de inmediato, y no minusvalorar sus inquietudes o sentimientos. Hay que ser muy valiente (e inteligente) para reconocerse necesitado y pedir auxilio: no desoigamos, ni ridiculicemos su actitud.

En mi caso individual (no todas las PAS somos iguales), me identifico con lo siguiente:

-Reflexionar profundamente (sobre casi todo).

-Dificultad para las relaciones sociales (por autoprotección, no por desinterés).

-Sobreestimulación, saturación y afectación (ante personas, animales, tareas, ruidos, etc.).

-Gran empatía y emocionalidad (la facilidad de su demostración viene condicionada por la infancia).

-Elevada sensibilidad sensorial (“no se te escapa una” es algo que escucho a menudo).

-Ánimo impresionable (ya diagnosticado desde niña).

-Inseguridad, timidez e ingenuidad (en proceso de eliminación).

-Dificultad para establecer límites (en proceso de eliminación).

-Tendencias perfeccionistas (además, soy Virgo).

-Umbral bajo del dolor (todo duele mucho).

-Conmoción por las artes, la belleza, la naturaleza, y cualquier proceso vital creativo.

-Dedicación a la escritura (es una de las profesiones PAS).

-Somatización de los problemas (una simple crítica hiriente puede ocasionar una dolencia física).

-Desprecio por la violencia y la brutalidad (incluida la verbal, gestual, etc.).

El universo PAS, minoritario, necesita de una readaptación continuada, lo cual resulta agotador… De ahí que también sea imprescindible “escapar” a menudo de esta sociedad que critica, burla, anula y discrimina al “distinto”, convencida de estar en lo cierto y lo sensato. Como bien dice Pablo Villagrán en su página: “Cuando los sensibles que apostamos por un mundo mejor seamos muchos, los raros serán los otros”. Y es que a mí esta “rareza” solo me parece, como a Elaine, un fantástico don…

¿Y a ti?

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2 comentarios

  1. Manuel

    Me reconozco en buena parte de esas características, pero no me acabo de ver cómodo clasificado con la etiqueta. Por otra parte, hay cosas que he tenido que aprender con el tiempo. La sensibilidad no creo que sea un don innato la mayor parte de las veces. Y siempre tienes ángulos muertos.
    En cualquier caso, creo que compartimos un núcleo de esas características comunes. Eso es lo que nos une, aunque sea a través de este delgado y frágil hilo.

    1. Llevas mucha razón en lo que explicas. Aun considerándolo un don, está claro que tiene ángulos muertos y que ocasiona problemas, ya que no vivimos en una isla… Las etiquetas sirven para conocernos entre nosotros y sentirnos menos “raros” de lo que la sociedad nos cuenta; para saber quiénes no se van a reír, burlar, o criticar cuando nos reconozcamos. De todos modos, yo no tengo muchas esperanzas de comprensión social al respecto. Porque para eso haría falta sensibilidad, y ahí le hemos dado… 😉

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