Ficción., Recalato

«Prohibido pensar».

Hago un esfuerzo descomunal, pues deben haberme sedado, y recuerdo a un tipo preguntando una dirección. Luego, a otro que me sujeta y me pincha. Me desvanezco… ¡Sí, eso es: debieron dejarme inconsciente! Ahora estoy aquí, en una habitación blanca e impoluta, cuya puerta se mantiene cerrada con llave.

Hace poco han venido a visitarme dos presuntos médicos para ofrecerme una explicación sobre mi estado. Sigo confuso, pero hablaban de reinicio, de psicocirugía, de ablación de lóbulo, creo… Aseguraban que en breve todo volvería a ser como antes. ¿Pero como antes de qué?

-¿Qué opina, doctora? ¿No le apena reiniciar un cerebro como ese? Conozco las normas, pero aun así…

-Estimado colega: si me permitiera ese tipo de sentimentalismos, no gozaría del crédito que el Estado me concede. Piensas, luego creas problemas. No piensas, bienvenido a la masa. No podemos mantener a tanto literato, articulista, creativo, erudito, politólogo, y demás ciudadano con criterio propio. ¿Qué sería lo próximo? ¿El mundo libre? ¿La paz? ¿La justicia social?

-Tiene usted toda la razón… Por cierto: mañana ingresa un tal Arturo. ¡El diablo nos asista!    

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