Ficción., Recalato

«Un hambre loca».

-Ya he metido los pies del nota en la nevera, que en la terapia dijiste que te gustaban bien fríos, y he empanado una docena de dedos para que nos los tomemos en el aperitivo, comilona mía. A la hora del almuerzo, saco las nalgas y las hacemos vuelta y vuelta. Este último tipo era un canijo, no daba para mucho más, y como le prometí al doctor no pasar de uno a la semana…

-¡Para que encima te regañe y amenace! Vamos, hombre… ¡Que comer hay que comer! Si sigue en esa línea, cielo, no volvemos a “Antropófagos Anónimos”. ¡Te lo juro por Hannibal!

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3 comentarios

  1. Manuel

    Que miedo. Lo dice todo, jajaja

    1. Con la entonación de Matías Prats: un miedo… apetitoso… jajaja…

  2. Manuel

    Eso va en el grado de inclinaciones antropofagicas. Lamento comunicarte que el mio ….. es nulo, en cualquiera de los sentidos, jajaja

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