Crítica, Feminismo, Igualdad, Opinión, Respeto, Vida

Tiempo de igualdad.

Con ocasión del 8 de marzo me apetece dejar constancia en esta página de mi punto de vista sobre algo que considero básico: el feminismo. Es esta una lucha constante por la igualdad real, no solo teórica, que todas las mujeres y hombres deberíamos defender, al margen de otros intereses e ideologías. La batalla, quizá, debería empezar por ahí.

En mi caso particular sigo observando situaciones anómalas, desfasadas e injustas en muchas ocasiones, tanto por parte de los hombres (algo comprensible), como de las mujeres (algo increíble e incoherente). Algunas, incluso, las he podido protagonizar yo misma sin saberlo, pues he sido educada en el machismo (como casi toda mi generación), y desatender lo aprendido durante tantos años es una tarea gigantesca. Además, ¿quién disfruta cuestionando o enfrentándose a su propia tribu…?

Como ya voy teniendo edad para ser yo misma, para aprender lecciones nuevas, y para desechar todo lo que huela a rancio, dejo escrito aquí lo que encuentro, aún hoy, repulsivo:

-Ser mujer y votar/defender VOX porque tu marido, hijo, padre o hermano así lo dicte.

-Ser hombre, estar casado, y tomar decisiones graves en solitario.

-Ser mujer y criticar a la que trabaja de forma remunerada por desatender su hogar o familia. También a la que trabaja sin un sueldo, por vivir a expensas del marido.

-Ser hombre, heterosexual, y creer que España no es país para él, por la existencia de leyes que protegen a las mujeres y otros colectivos.

-Ser mujer y exonerar por sistema al hombre, culpando de sus malas decisiones a la madre, pareja, hermana, hija…

-Ser hombre y mandar a callar a la mujer en cuestiones de política, trabajo, y similares.

-Ser mujer y utilizar el término “feminazi”. Ser hombre y utilizar el término “feminazi”.

-Ser hombre y gastar dinero en un autobús misógino. Ser mujer y apoyarlo.

-Ser mujer y no intentar, de algún modo, la independencia en cuestiones económicas.

-Ser hombre y priorizar siempre su proyecto al de su mujer.

-Ser mujer y definirse como femenina, en lugar de feminista…

-Ser hombre y soltar “piropos” en la calle a desconocidas, violentando su libertad.

-Ser mujer y defender esas conductas, arguyendo que las que rechazan los “piropos” es porque jamás los recibieron.

-Ser hombre y autodefenderse constantemente, ante cada atropello físico o verbal sufrido por una mujer.

-Ser mujer y picar en cada bulo vertido por un machista disfrazado de feminista radical, con objeto de desprestigiar la causa. Ser hombre y difundirlo igualmente.

-Ser hombre heterosexual e ir de víctima, realizando comparativas.

-Ser mujer y por ello víctima potencial cada vez que sales sola a la calle. Ser madre y no dormir cada noche que tu hija sale sola a la calle.

-Ser hombre, empresario, y preferir la contratación masculina. Ser mujer, empresaria, y preferir la contratación masculina.

-Ser hombre y rechazar el feminismo pensando que se trata de supremacía (como posición antagónica del machismo). Ser mujer y rechazarlo por la misma razón. Ser persona y no entender nada de todo lo anterior.

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1 comentario

  1. Manuel

    Atinadas reflexiones, muy necesarias además en estos tiempos de reivindicación de rancias actitudes, que parecían superadas. Malos tiempos desde luego.

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